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Cuando estás bañándote placidamente en el mar,
Y te quedas inerte, flotando en el agua,
Te das cuenta como las olas te llevan y te traen,
Igual que hace la vida…,
Pero la vida, en la última ola,
Te lleva, y no te devuelve donde estabas.
Será como si nunca hubieses vivido.
Vivías mientras sus olas
Te llevaban y te traían,
Hasta que llegó la definitiva,
La última…,
La que te la arrebató.
De ti solo quedará lo que hayas sembrado
Mientras iban y venían las olas de la vida.
Quedarás en el recuerdo y en los corazones
De aquellos a los que hayas querido
Y te hayan correspondido,
Ellos nunca te olvidarán…,
Porque el que siembra cariño
Recogerá multiplicado por mil
Todo el que en la vida haya repartido.
Y su recuerdo nunca se perderá en el olvido,
Quedará grabado en el corazón
De las personas que te han querido
Que dejes en este mundo
Cuando te hayas ido.

Despiértame, porque desde que te fuiste
Estoy muerta, me dejaste muerta.
Mi cuerpo está muerto desde que no lo acaricias
Con tus manos, ni lo rozas con tus dedos
Por todos sus rincones, hasta llegar
Al último de ellos.
Despiértame, porque desde que me dejaste
No te he podido olvidar, tu rostro no se borra de mi mente.
Mi mente solo ve tus bellos ojos verdes,
Tu rostro hermoso, tus labios abiertos
Abiertos para darme un beso,
Acércate a los míos
Y dámelo.
Despiértame, porque desde que me olvidaste
Yo no he podido hacerlo,
No he podido arrancarte de mi corazón.
Mi corazón no puede deshacerse de ti,
Porque le has hecho mucho daño,
Lo has partido en mil pedazos,
Ya no puedes arreglarlo, no tiene consuelo,
Mi alma llora tu ausencia,
Ven, y consuela mi alma,
Porque si no vienes,
Mi alma morirá,
Ven, y sálvala.
Despiértame, por favor, despiértame,
Mi amor, te daré lo que tú quieras,
Te daré todo mi amor,
El amor que nunca has soñado,
Te lo daré…,
Si vuelves, y me despiertas,
Si vuelves, y me das tu amor,
Te compensaré con el mío,
Y seremos tan felices,
Que nadie será tan feliz.
Como nosotros seremos
Cariño mío.

¿Y tú te llamas poeta?.
Tú no puedes ser poeta
Porque no has sentido
Jamás el amor en tu corazón.
Tampoco has querido
Aceptar el amor de los demás.
Si no conoces el amor,
Si no lo sientes en tu corazón
¡Tú no eres poeta!,
Porque para ser poeta
Debes haberse vivido el amor,
Y el tuyo no lo conoce,
Y nunca lo conocerá.
¿Y tú te llamas poeta?.
Tú no puedes ser poeta
Porque no has sentido
Jamás el dolor de los demás.
Tan solo te has preocupado por ti,
Tienes el corazón insensible,
Tan insensible lo tienes
Que en él no entra la compasión.
Si no la sientes en tu corazón
¡Tú no eres poeta!,
Porque para ser poeta
Debes tener compasión,
Por las personas que sufren,
Y tú no tienes corazón.
¿Y tú te llamas poeta?.
Tú no puedes ser poeta,
Porque nunca has dado ayuda alguna,
Solo te has ocupado de ti,
De tus tonterías…,
De esas tonterías que tan importantes creías,
Nunca has ayudado a los que realmente sufren,
Porque tu corazón no conoce el sufrimiento,
Si no lo sufres en tu corazón
¡Tú no eres poeta!,
Porque para ser poeta
Debes tender tu mano
Y ayudar al que tiene sufrimiento,
Y, tú, como nunca has sufrido,
No tienes corazón.

En esta Semana Santa
La he visto desfilar
Con la tristeza en su alma,
El corazón atravesado por una daga,
Y las lágrimas deslizándose por su cara.
Ella es la Dolorosa,
La que más sufre y la más hermosa,
Siempre detrás de su hijo
Hasta que lo clavan en la cruz.
Desfila con el Santo Sepulcro,
Va detrás de Él muy lentamente,
Porque sabe que cuando llegue
El final de su tortura,
Perderá a su hijo para siempre.
Tuvo tanto sufrimiento
Cuando vio a su hijo morir,
Que casi no tiene aliento.
Es como si una bella flor
De tanto, tanto dolor,
Hubiera muerto por amor.
Su trono es austero,
Y su manto va de luto,
No tiene bordados bellos,
El trono es de plata pura,
Sin flores que la oculte,
Con candelabros de luces
Que resplandece en sus ojos,
Llorosos porque su hijo
Va delante, en su lecho de muerte.

La iglesia de mi ciudad es un divinidad, está en la plaza que lleva su nombre, al entrar, frente, te encuentras al Altar Mayor, presidido por el Corazón de Jesús, en el que confiamos, a los lados María Auxiliadora, que ruega por nosotros, y San Bernabé, el patrón de la ciudad, al que amamos, es muy fácil de encontrar, en el casco antiguo está, también encontraremos, si buscar queremos, muchos altares presididos por otros santos, como la Virgen del Pilar, La Virgen del Carmen, San José, Nuestro Padre Jesús Nazareno….., y si más buscamos, encontraremos, El Cristo Yacente y junto a Él, la Virgen de los Dolores, su madre, rodeada de plata, pura como ella, a la que Dios santificó, y por llevar en su vientre su hijo, el hijo de Dios, sufrió, y lloró, porque a su hijo mortificaron y en la cruz clavaron, pero esto dejaremos para otros momentos, el sufrimiento y el dolor de esta Virgen Bella, bajo esta advocación, nunca olvidaremos, pues por nosotros tanto padeció, que olvidar nunca podremos.
Vamos a hablar de nuestra iglesia, en particular, llamada de La Encarnación, sus campanas tocan al vuelo, al pueblo llaman, cada vez que un rito santo se va a celebrar, a la misa habéis de ir, nos dicen las campanas, cuando truenan, con un ruido celestial, con las que al pueblo llaman, pero el pueblo no obedece su llamada, porque son católicos y apostólicos, pero no son practicantes de la doctrina de Dios, a misa la gran mayoría no van, pero no saben, que Dios le puede castigar, es un pecado mortal no obedecer los mandamientos de nuestra iglesia en general, pero no las oyen, que va, no quieren oírlas, las campanas se callarán, y hasta la próxima celebración no volverán a llamar, inundando el pueblo con su canto celestial.
Ahora hablaremos de los sones que celebran, a las 12, a la Virgen, bajo todas las advocaciones, a esa hora nos invita a rezar el Ave Maria, para a la Virgen homenajear, pues Ellas nos ayudará a pasar todos los días que recemos, con felicidad, y con su amor, nos protegerá de todos los males que nos puedan alcanzar.
Por fuera, nuestra iglesia, es colosal, muchos siglos de años ha cumplido ya, su torre se alza al cielo, cobijando sus campanas, las que llaman, tiene dos columnas a ambos lados de la puerta principal, por la que se ha de entrar, aunque también podemos hasta dentro llegar, por otra puerta, muy similar, por la que se hacen las últimas oraciones a los que la muerte se ha osado llevar, de esta tierra, para al cielo alzar, si su vida ha sido ejemplar, pero si no lo ha sido, no sabemos, el camino que harán para ir dónde el Juez Supremo le señalará.
Y vamos a terminar, por la puerta principal, acceden las bodas, bautizos y primeras comuniones, lo contrario que en la lateral, éstas tienen celebraciones, tras las ceremonias, con sus invitados van a algún lugar, en el que su alegría comparten con todos en general, pues para ellos este es un día maravilloso, de armonía, de paz, que recordarán toda su vida, y que en su calendario señalarán, como un día muy especial.
La Iglesia de la Encarnación hemos recorrido, por dentro y por fuera, este no es un relato de historia, es un relato de actualidad, aunque estos diversos ritos antes descritos, se vienen celebrando en su seno desde la antigüedad, y se celebrarán hasta el final, aunque, hoy en día, con otras iglesias hermanas ha de compartir esta alegría.

La soledad es muy triste,
Es muy triste estar solo toda la vida,
Sin nadie que te acompañe,
Ni hable contigo.
La soledad es despertarse por las mañanas,
Y ver a tu alrededor…,
Solo las paredes de tu habitación,
Estar solo en una cama
Sin nadie que te diga nada,
Ni te bese,
Ni te abrace,
Ni te acaricie,
Al despertar, por las mañanas.
En esa soledad vivo cautivo
Desde hace muchos años…,
La soledad esta conmigo.
Nadie me acompaña,
Nadie quiere mi compañía,
Esa tristeza, y esa soledad, es solo mía.
Si nadie encuentro que comparta mis días,
La soledad que tengo…,
Puede ser para toda la vida.
No quiero vivir solo toda la vida
Quiero compañía,
Quiero una mujer,
Hermosa o no, me da igual,
Pero que sea bella de corazón,
Que me saque de esta soledad.
Siento, que si esa mujer no encuentro
Esa soledad, la soledad que ahora siento,
Será mi compañera…,
Y no quiero esa compañía,
Solo quiero salir de ella,
Y ser feliz, por primera vez, en mi vida.

Querido:
No quería escribirte, pero he decidido hacerlo, quiero que sepas, antes de que nos separemos definitivamente, lo mucho que te he querido, lo mucho que te quiero, cuánto te echaré de menos, el gran dolor que me has dado durante los años que hemos pasado unidos, quiero que sepas lo que te pierdes si no sigues conmigo, porque me temo que sin mi amor no tendrás felicidad, ni nadie a quien maltratar, porque si te falto, nunca, nunca…, volverás a ser feliz, si es que realmente algún día has sentido el verdadero amor junto a mí.
Te irás o me iré, igual dará, nos hemos de separar, juntos no podemos vivir, eso no volverá a pasar, nos separaremos y cada uno nuestra vida viviremos, no puedo permitir que mi vida vuelvas a dañar, ¡mi vida es mía!, no te voy a dejar que me vuelvas a maltratar,… si eso es lo normal, busca a otra, olvídate de mí, otra vez no me pasará que me vuelvas a mentir, con otra no me volverás a engañar, porque me voy a alejar de ti, nunca volverás a saber de mí.
Ahora te voy a explicar los motivos de mi marcha, aunque…, tú los debes saber. Tú me has dado los motivos, me has puesto a prueba muchas veces, muchas veces me has mentido, tú siempre me has engañado, has jugado conmigo, has puesto en peligro nuestra vida en común, ahora no estamos unidos, nuestras almas no se entienden, creo que nunca se han entendido, porque nuestros corazones amor mutuo no han sentido.
Las cosas son como deben ser, difíciles no las tenemos que hacer, mi marcha será muy rápida, cuando vengas a darte cuenta, ya me habré ido, de tu vida habré salido, recomenzaré en soledad, volveré a vivir en paz, esa paz que me has negado siempre con tu agresividad, la que me has regalado a lo largo del camino que juntos hemos recorrido, me has dejado herida, física y psíquicamente, mi alma de dolor has partido en dos, no sé si volveré a confiar en otro alguna vez, quizás, pero procuraré que el que su amor me dé, me cuide y me quiera como yo lo he de querer, que me dé felicidad, que me dé amor, el que tú no me has sabido dar, oportunidades has tenido, pero no las has sabido aprovechar, ahora, es tarde ya, me marcharé, y quiera Dios que no me vuelva a encontrar contigo jamás, a Él se lo pediré, y si es tan infinitamente bueno, como de niña me enseñaron a creer, me lo concederá, y contigo jamás me volveré a cruzar.
Te escribo esta carta, la primera y última que te dedicaré, para que no quede duda de las razones que me han obligado a abandonarte, las que te has dignado darme, las que me han dejado herida para toda la vida, las que tú conoces, tú las penas me has inflingido, esas penas me han herido, y pienso que nunca podré volver a confiar en ti, te lo repito, no me volverás a engañar, y, por fin, podré de mi vida disfrutar, sin tu presencia, me hace daño tan sólo en ella pensar, libre seré sin ese amor que no me das, porque tu corazón no sabe lo que es amor, es la verdad.
Mis ultimas palabras vas a leer, yo no puedo comprender que nuestro amor haya muerto: yo no puedo olvidar los buenos momentos, pero, me gusta pensar en mi vida sin ti, aunque con mi dolor no puedo, mi alma llora de pensar, pues…, cuando lo pienso, cuando pienso que estaré sola, mi corazón llora, pero no lo dudes, lo superaré, alguien me ayudará, y seguro que me querrá, como yo te he querido, a otro lograré amar, y eso supondrá mi libertad.
Las despedidas son tristes, esta carta me despide, cuando la leas, ya no me verás, mi presencia no estará en la casa que juntos hemos compartido, en la que hemos vivido, la que me ha visto gemir y llorar, pero no me volverá a ver en ella nunca más, tan sólo te quedarás, que seguro que de menos me echarás.
Al fin me voy, no llores mi ausencia, a mi no me quedan lágrimas, las agoté junto a ti, mi hueco no llenarás jamás, muy equivocado estás, esta despedida es para toda la vida, aunque estas letras escribiendo he llorado, por el dolor que me has dado, no te equivoques, no son lágrimas de pena, son de felicidad, porque no te volveré a ver nunca más.
Adios, no pienses en mí, no evoques mi presencia, me voy feliz.